¿A qué edad comenzamos a imaginar al científico como un hombre de mediana edad, con bata blanca y lentes gruesos? ¿Cuándo asimilamos la idea de que la ciencia es “cosa de hombres”? Estas preguntas, que parecieran meras curiosidades, se vuelven fundamentales cuando pensamos en cómo los niños y niñas construyen su visión del mundo y se insertan en él. El Draw-A-Scientist Test (DAST) —o “Dibuja un/a Científico/a”— nació precisamente para descifrar ese rompecabezas.
Orígenes del Draw-A-Scientist Test: caricaturas tempranas de la ciencia
El Draw-A-Scientist Test (DAST) no es una prueba estandarizada con respuestas correctas o incorrectas, sino un ejercicio proyectivo sumamente revelador. Creado por el investigador David Wade Chambers, tomó forma a partir de 1966, cuando comenzó a recopilar dibujos de niños de preescolar y primaria en distintos países. Su meta era ambiciosa: descubrir cómo los estereotipos de la figura del científico —ya evidentes en adolescentes, según las antropólogas Margaret Mead y Rhoda Métraux— anidaban en la mente de los más pequeños.
La consigna era sencilla: “Dibuja un científico” (en la versión original en inglés, “Draw a Scientist”, la palabra scientist es neutra en cuanto al género, no es necesario especificar si se trata de una mujer o un varón hombre). Sin embargo, los resultados retrataron mucho más que simples monigotes. Entre 1966 y 1977, Chambers aplicó el DAST a 4.807 participantes y clasificó los dibujos de acuerdo con siete indicadores estereotípicos (bata de laboratorio, lentes, vello facial, frascos químicos, etc.). Sus conclusiones, publicadas en 1983, sorprendieron: casi todos los dibujos presentaban a un hombre rodeado de tubos de ensayo. Apenas un 0,6% imaginó a una científica mujer —todas, dibujadas por niñas—. Dicho en otras palabras: desde edades tempranas, la bata y los bigotes predominaban.
No era cuestión de madurez intelectual: Chambers buscaba revelar la forma en que niños y niñas absorbían los mensajes culturales sobre el “científico loco”. Y lo que encontró fue claro: la imagen estereotipada se asoma incluso en los primeros años de primaria. A medida que los pequeños avanzan de grado, incorporan cada vez más “detalles de laboratorio” y, sobre todo, un sesgo de género marcado.
Medio siglo de dibujos: ¿qué ha cambiado?
1. El peso de la edad
Desde la década de los 60 hasta hoy, el DAST se ha replicado en al menos 78 estudios, mostrando un patrón que no sorprende y, a la vez, preocupa: conforme los niños crecen, sus dibujos se vuelven más estereotípicos. Los de preescolar, por ejemplo, a veces representan científicos y científicas con la misma frecuencia. Pero al llegar a bachillerato, cerca del 80% dibuja un varón. El “científico con bata y lentes” permanece casi intacto.
¿Por qué? Porque en los primeros años de vida, el estereotipo “científico = varón” todavía no está tan arraigado. Sin embargo, conforme avanza la escolaridad, se multiplican las referencias culturales: libros, películas, historiales de “grandes hombres de ciencia”, series de TV, libros escolares… Entonces, la noción de la ciencia como dominio masculino va calando hondo. Así se entiende que muchas niñas pequeñas dibujen a una mujer científica —porque aún no asumen esa restricción de género—, pero las adolescentes opten, en su mayoría, por retratar a varones.
2. El factor género
Otro tema relevante es quién dibuja y a quién dibuja. Históricamente, tanto niños como niñas han tendido a ilustrar científicos varones. Sin embargo, las niñas son más proclives a dibujar científicas que los niños. Esta brecha, aunque se ha reducido en las últimas décadas, todavía existe. El meta-análisis de Miller et al. (2018), que analizó 20.860 dibujos de niños de 5 a 18 de las últimas cinco décadas, muestra que, si bien hoy el porcentaje de niñas que dibuja científicas es mayor (llegando incluso a 58% en algunos estudios recientes), los niños siguen rezagados, dibujando a mujeres científicas en apenas 10% de los casos.
Esto confirma lo que ya insinuaba Chambers: la infancia no es inmune a los sesgos socioculturales. Sin embargo, hay avances. En la década de 1960, apenas 0,6% de los dibujos mostraba científicas mujeres; en estudios actuales, esa cifra se eleva a 28% o más. Se trata de un progreso innegable, vinculado al creciente protagonismo de las mujeres en STEM y a la visibilización de científicas en distintos ámbitos. Pero, aun así, el varón de bata blanca continúa siendo la imagen más repetida.
Del diagnóstico a la acción: el DAST como herramienta de cambio
Si bien el DAST nació como un método de diagnóstico, hoy también sirve para medir el impacto de intervenciones educativas que buscan cambiar la percepción infantil de la ciencia. Talleres de verano, campamentos, clubes escolares y reformas curriculares aprovechan este ejercicio —en modelos pre y post— para evaluar si la visión de “quién es científico y qué hace” se torna más inclusiva y realista.
Un ejemplo contundente es el estudio de İsmail Dönmez et al. (2023), donde un grupo de niñas adolescentes participó en un campamento STEM, conviviendo con ingenieras y científicas reales. Después de esa experiencia, sus dibujos cambiaron radicalmente, retratando mujeres que ejercen la ciencia con naturalidad y reflejando una comprensión más amplia de las tareas científicas. Al final, muchas dijeron verse a sí mismas como posibles científicas.
No se trata de un caso aislado: intervenciones similares en Turquía, Corea y otros países demuestran que, al exponer a los niños y niñas a modelos más diversos —personas de distintas edades, géneros y ámbitos de investigación—, la imagen del “científico loco” se desdibuja. En su lugar, asoma una representación más cercana a la realidad: individuos de ambos sexos, contextos laborales más amplios y menos obsesión con los tubos de ensayo.
Eso sí, los cambios no siempre son inmediatos ni drásticos. Muchos sesgos están arraigados en la cultura popular, y revertirlos puede requerir múltiples experiencias positivas y repetidas a lo largo del tiempo. Sin embargo, la tendencia general es optimista. Varios estudios señalan que una intervención educativa diseñada con cuidado —por ejemplo, con mentorías de científicas y científicos de diversas áreas— ayuda a debilitar el estereotipo tradicional.
Los números con los que deberíamos quedarnos
El análisis, que abarcó cinco décadas de dibujos infantiles (Miller, 2018), cuentan una historia de cambio:
- Un asombroso 99,4% de los niños en las décadas de 1960 y 1970 ni siquiera imaginaba a una mujer con bata de laboratorio: de 5.000 dibujos, solo 28 mostraban científicas femeninas.
- Hemos avanzado, pero no lo suficiente: incluso en 2016, apenas alrededor de un tercio de los dibujos de niños representaba a mujeres científicas.
- Las niñas más pequeñas empiezan creyendo en sí mismas: un poderoso 70% de las niñas de 6 años dibujan científicas que se parecen a ellas.
- Pero algo sucede: a los 16 años, solo el 25% de las chicas todavía se imagina a una mujer en la ciencia.
- Y la visión masculina de la ciencia sigue siendo obstinadamente varonil: aunque el 17% de los varones de 6 años puede imaginar a una mujer científica, en bachillerato ese número se desploma a un alarmante 2%, perpetuando el ciclo para otra generación.
Conclusiones: una tarea en construcción
A más de cincuenta años de los primeros dibujos recopilados por Chambers, el Draw-A-Scientist Test sigue siendo una ventana para entender cómo la niñez concibe la ciencia. Sus hallazgos reflejan un camino dual: por un lado, muestran la persistencia de estereotipos (bata blanca, lentes, varón solitario en un laboratorio), y por el otro, evidencian avances notables, como la creciente representación de mujeres.
El mensaje es claro: si queremos que todos los niños y niñas se sientan con la libertad de soñar con la ciencia —sea con bata o sin ella—, es fundamental seguir promoviendo modelos diversos y herramientas educativas que rompan con la idea de “la ciencia es de varones y para varones”. Cada intervención, por pequeña que sea, suma en el proceso de derribar barreras invisibles y ensanchar el horizonte de quienes desde la infancia imaginan cómo será su futuro.
El DAST, que comenzó como una curiosidad académica, se ha transformado en un indicador crucial de cambio social y educativo. Que un niño dibuje a una mujer científica —o a un varón que hace ciencia en un océano, en un campo o mirando estrellas— implica reconocer que la ciencia es tan variada y humana como la sociedad misma.
Referencias
- Chambers, D. W. (1983). “Stereotypic images of the scientist: The Draw-A-Scientist Test.” Science Education, 67(2), 255–265.
- Mead, M. & Métraux, R. (1957). “Image of the Scientist among High-School Students.” Science, 126(3270), 384–390.
- Finson, K. D. (2002). “Drawing a Scientist: What We Do and Do Not Know after Fifty Years of Drawings.” School Science and Mathematics, 102(7), 335–345.
- Miller, D. I., Nolla, K. M., Eagly, A. H., & Uttal, D. H. (2018). “The Development of Children’s Gender-Science Stereotypes: A Meta-Analysis of 5 Decades of U.S. Draw-A-Scientist Studies.” Child Development, 89(6), 1943–1955.
- Hernández, C. (2021). “Por más mujeres en la ciencia y las matemáticas.” Revista CorreodelMaestro, No. 505.
- Dönmez, İ. et al. (2023). “Breaking Gender Stereotypes: How Interacting with STEM Professionals Changed Female Students’ Perceptions.” Journal of Baltic Science Education, 22(6), 974–990.
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